Éxito y celulares
El éxito camina por el boulevard a la hora de almuerzo, mientras guardias y mozos atienden sus mañas y afanes. Hay algo en la inequidad social, en las groseras diferencias que están ahí sentadas en las escaleras del Metro, que escribir sobre lo que ves, esto es, sobre la relación entre nuestra cultura tan religiosa (eso dicen) y un espíritu tan fascista es una obligación.
Pero tampoco es fácil, nuestros prejuicios culturales difícilmente nos permiten penetrar en esa dura capa de inconciencia que nos dice, ¡trabaja! Por que estos hombres no tienen derecho al ocio, no tienen derecho a ser vagos: simplemente lo son. Pero, no se engañen, no vagabundean como cuando vacacionamos a la orilla de un río. Vagan como sitios eriazos en medio de la ciudad, como lugares prohibidos e históricamente dejados a un lado. Y, ahí, aparece la literatura religiosa y su interés por volver la marginalidad un negocio. En este contexto, la genuina literatura y el trabajo mercantil no se soportan, no obstante quiénes usan el lenguaje de testaferros y cargadores de basura, hayan terminado por imponer sus condiciones y ahuyentar al bueno de Salinger.
En todo este capricho, con una sobredosis de café y mucha agua, está la idea última de armar, con todo lo que nos queda, una instancia de creación, un lugar donde una vuelva sobre el manifiesto como modo de expresión, una suerte de protepticós del arte. Pero en un formato tan legible, como hablar por celular.
martes, 2 de febrero de 2010
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