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viernes, 25 de julio de 2008

Miro por detrás del portal,
donde caminan mis recuerdos.
En las iglesias que visité habían salamadras, de fierro, antiguas, pero no estaban a la venta. Hacía mucho frío entonces y necesitaba algo de calor.
Para cuando ya era tarde, me crucé con sus ojos y perdí toda esperanza de volver a verla. Fue tan rápido, que olvidé por un instante que estaba helado y solo. Fue muy distinto lo que allí ocurrió, a la respuesta que encontré en el portal.
Ahora salgo en una noche de invierno, al encuentro de sus manos, esperando ciego que se me vuelva a cruzar. Y no tener así que volver a recordar el frío camino de ayer.

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