Cuando se nacío y creció en medio de una dictadura, nunca deja de dar de pensar lo que eso significa. Hoy en día el sistema que fue elaborado en los 80's entra en una etapa de recambio, algo así como un cabio de look. El binominalismo en su mejor expresión refleja una conversación más que una pelea; a pesar de la cantidad de poder en juego, en el fondo ya no hay una guerra. A veces no sobran las expresiones fuertes, pero ya esto no tiene ese grado máximo de violencia que logró la política a inicios de los mismos 80's. Sus antecedentes todos los conocemos. Una intervención militar, coludida con la derecha política, la que trajo rápidamente -como rasgo característicos en el empresariado- adeptos de otras latitudes; aquí muchas veces se da incluso complicidad. La derecha reaccionó cual ejercicio del dilema del prisionero, anticipando una agresión, a modo de una decisión puramente estratégica. Pero según los antecedentes que contamos hubo durante esos años organización criminal de Estado.
En aquel entonces se intervino todo, sobre todo a partir del aparato público; profesores, médicos o trabajadores fuereon exonerados; además, exilio a gran escala.
En este contexto, se da un vuelco si no inesperado, único en su giro, en el marco de las dictaduras latinoamericanas que se suceden ya desde a mediados de los 60's en Brasil. Se introducen reformas que resultan particularmente idóneas al proceso de persecución política: la reducción del Estado.
En esta reforma, y eso también esto único en su especie, se elaboran nuevos marcos normativos para el desarrollo posterior de las instituciones y su relación con las privadas. Ley de aguas, autonomía del Banco Central, ley del trabajo, Afp' s, isapres, privatizaciones a gran escala, universidades: es decir, una Constitución y un modelo económico reformados.
Todo este proceso, que por cierto da para mucha literatura especializada, fue bajo el alero estricto de la derecha. Pero también sabemos que no hay algo así, al menos en Chile, como "la" derecha. En un principio parte importante de la derecha DC estuvo en la intervención; luego se distanció, exilió o privatizó, no obstante administrando una cuota de poder no menor, pero en silencio. Otro sector conservador cercano a los propietarios del agro, eran estatistas. También había fanáticos. Pero, al fin y al cabo, efectivamente había una dictadura.
Por otra parte, este poder se distribuyó de manera inteligente -más aun en el exilio-, ya que desde años en Chile se habá iniciado, un proceso transversal a todo el espectro político, al menos dentro de las elites, de perfeccionamiento académico, en organismo internacionales y en la formación de los que hoy llaman think tanks o centros de influencia. Un potente ejemplo de ello en el sector más progresita de la DC es Cieplan. En este contexto, la creación de universidades privadas y la sostención de los institutos técnicos creo un poder paralelo, cuyo mayor beneficiario fue a su vez la derecha y la no tanto.
Ahora lo que no me deja de dar de pensar fue la tolerancia estomacal al grado de violencia y organización criminal que se llegó, para -en parte- hacer posible la transformación. O bien esta última afirmación supone motivos concientes de un cambio o conexiones internas o, por el contrario, no es más que sólo la autocomplacencia de aquel que no es efectivamente torturado, detenido o exonerado. O simplemente, ¿no se sabía?
Hay algo difícil de modelar cuando conviven capitalismo y una institucionalidad militarizada y conservadora. Y cuando hoy miramos la cordialidad, uno se pregunta dónde se sigue dando esa violencia, dónde ahora, ¿sin que lo sepamos?, se violan sistemáticamente los derechos humanos, aunque no sea bajo la forma del Estado.
domingo, 15 de junio de 2008
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