Qué buen recuerdo es el paso que se da en la pregunta por el habitar; nuestro hábito cuestionador a veces tiene turno en algún lugar de turno, y nos toca enseñar qué hacen los arquitectos dentro de una universidad. El punto claramente no es la arquitectura, para eso están los especialistas. El punto está, sin embargo, que dicha pregunta es filosófica. Y claramente sobre ella se construyen aparatos académicos de dudosa motivación. ¿De qué se trata todo esto?
Los edificios hoy en día miran a la calle; en algunas construcciones análogas de años muy anteriores, los patios guardan el silencio de la vida en familia, de la posibilidad del rumor ajeno, .-cuánta cosa en un vecindario!. Hoy día tenemos edificación express, habitación express. No es peyorativo; para el fenómeno nos importa cómo acontece.
Si nos libramos de ataduras y moralinas, los edificios que vemos se abren hacia fuera, como constructos con cierto margen de agresividad, sobre todo, sobre los antiguos vecinos de un vecindario. Muere el vecindario y nacen las lavanderías. Las colmenas proliferan y dormimos y amamos en su encierro.
Ese es el punto.