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martes, 14 de agosto de 2007

a título de nada

-A veces quisiera abrir la ventana y tener algo que hacer, me dijo un viejo amigo, que dedica gran parte de su tiempo a delirar sobre el futuro; -qué más da, estimado, -lo correjí, mientras comía en silencio. -Acaso ya no haces algo al sólo abrir la ventana....qué te espera todos los días tras ella, acaso ya lo sabes?
No soporto tanto el modo en que se autoflagela, por el ocio enfermizo que lo posee, como el hecho de no reconocer el aspecto positivo de no hacer nada. A mi me preocupa mucho más mi situación...imagino cosas por todos lados y miro de reojo con vergüenza, incluso cuando cierta seguridad se empecina por dominarme; -Quieres?- me ofrece el último trozo de pan duro que tenía guardado, -No, respondo, Pasa algo?, replica; nada, es que estoy pensando....

abrioelcielo...quien lo duda

Si todo el orden de cosas no respondiera a aquella hipótesis que le asigna un determinado orden -y no otro- al mundo, aquel necesario designio divino que florece en la primavera o se oculta en los nubarrones de invierno, podríamos, mientras tanto, vivir en una ciudad donde el beneficio no existiera y sólo rigieran las inquietudes que hoy a unos pocos aquejan como una enfermedad mental, que los condena al ostracismo emocional que da el sentido común. En esa ciudad de paredes grises podríamos vivir sólo preguntándonos de qué nos habla esta vida, cual es su mensaje metafísico en el cual ya estamos parados….pero hay un orden de cosas que se refleja en la desigualdad, en el sufrimiento y en el éxtasis de algunos cuando se les viene el éxito encima…es el cisma del primer día, del primer segundo cuando el tiempo abrió las sensaciones en imágenes y nació la imaginación y el arte.