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miércoles, 3 de octubre de 2007

Ya listos, al attake

Abstract

Ya listos, al attake se inscribe en una temática que busca por medio de un recurso audiovisual, emplazado en una plataforma relativa a las artes visuales, descontextualizar la relación hombre-televisión, específicamente en el caso de la programación infantil.
De este modo, se busca situar en una situación paradojal a los padres jóvenes que también fueron testigos en su tiempo, de forma más matizada, del espectáculo de violencia que ofrece gran parte de la parrilla programática de las series infantiles, que hoy incluso comprometen hábitos de estudio, información y trabajo en los niños. Se muestra la incapacidad de generar un límite con un útil como el televisor y se desarrolla un discurso coherente con el modo de estar fijos frente a las imágenes que nos entrega.

Fundamentos

En el contexto de la sociedad contemporánea un excesivo optimismo progresista ve en diferentes medios un avance en materia de educación, lo que contrasta con un relativo consenso en la opinión pública sobre la crisis que se vive respecto a la violencia urbana, especialmente entre los jóvenes.
Dado que es difícil encontrar en este diagnóstico relaciones causales que sean coherentes de manera totalizadora con fenómenos de raigambre social, es interesante plantarse el problema desde la formulación de una hipótesis de trabajo que le atribuye un papel constitutivo a la televisión, en especial, a los programas infantiles que hacen caso omiso de la disposición cotidiana que tiene un artefacto como el televisor dentro del hogar. Dado además que en las sociedades industriales avanzadas es corriente que el núcleo familiar viva sólo en parte al interior del hogar, sea por disoluciones anticipadas de proyectos de vida en común, sea por las cargas laborales a las cuales se ven obligadas las personas para solventar el trajín de la vida contemporánea o porque simplemente el núcleo familiar siquiera existe, entonces claramente el fenómeno que delega en un aparato como el televisor el cotidiano vivir de jóvenes y niños no es inocuo. Por lo mismo, descontextualizar dicho aparato no es una tarea muy difícil desde el punto de vista pragmático; sin embargo, esto mismo no se puede decir del discurso que va implícito en guerras ficcionales y en la mutación que sufre la “realidad” a través de los guiones de seriales infantiles.
En conformidad, un museo de artes visuales saca el aparato y su discurso de su lugar propio: el living, una habitación como la pieza de los padres. La imagen trabaja en los mismos términos y esto se traduce en lo que llamaremos la paradoja de límite. Uno de los relata de esta paradoja es que en las seriales infantiles encontramos tal nivel de violencia que es posible hacerlo explícito tal como se los enseñamos en el primer capítulo de nuestra serial. Así, recogemos los típicos elementos que encontramos en los videos caseros que se distribuían de manera clandestina, por grupos subversivos, en los añosa 80, y que emplazaban a sus integrantes a crear artefactos de guerra. Por otra parte, aludimos a una serie infantil con cánones estéticos claramente ingenuos, entonces ¿Cometemos un crimen al enseñarles a los niños a volarse en pedazos con un chaleco bomba de cartón? El mensaje va y no va dirigido hacia los niños. ¿Donde está el límite?
El segundo capítulo de nuestra “serie” va entonces dirigido al límite como tal. Los nuevos medios de información como Internet nos han presentado interfaces que les permiten a los jóvenes, por medio de celulares o páginas personalizadas, comunicarse con una velocidad y eficacia sorprendentes, que incluso adultos jóvenes hoy desconocen. Retomamos la parodia como vehículo retórico, que nos sitúa en el mismo lugar de incertidumbre que venimos mencionando. La conductora ahora nos lleva por una búsqueda de un pueblo. La víctima del formato expropiado ahora no es Walt Disney, sino la BBC. De esta manera agredimos el sentido común que está habituado a la excesiva exposición a la televisión. El tema: hay un pueblo de niños en medio de África que se ha sublevado y tiene su propios códigos morales dirigidos por una meta en común: la desarticulación total del gobierno hasta entonces hoy representados por los adultos. Nuestra célebre periodista se inserta en la sabana centroafricana y mientras tanto los niños del resto del mundo mantienen una comunicación con este supuesto pueblo de niños a través de un blog que va reproduciendo las ideas revolucionarias. El único antecedente con que cuenta la periodista: imágenes de Google Earth. Mientras crece la expectación noticiosa entre los adultos crece la convicción que es posible una conspiración global, la ficción es total.
Finalmente se abre el paso para el desarrollo de la última parte. El formato de un corto ahora trabaja el personaje: el aparato. El televisor será nuestro protagonista que se independiza de la voluntad general: el fin está próximo.

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