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miércoles, 15 de agosto de 2007

sur

Daniela era una joven sureña que recién ponía sus pies en las calles de Santiago. Buscaba a una amiga de la niñez, y soñaba con lograr una estabilidad que imaginaba desde pequeña; era una calle estrecha de grandes casas por donde cruzaba esa mañana, cuando el sol imponente corría con el viento en un inusitado inicio de semana; en la esquina había una casa que los lugareños llamaban “la torre”.

Se acercó a un hombre que estaba parado en la esquina y le preguntó por una calle; él la miró con un celo repugnante; fue como si le sacara una foto desnuda. Le veía con la saliva, algo para ser digerido. Mira no sé donde queda esa calle, le replicó.- Pero, si no la encuentras y necesitas algo, ven para acá y te puedo dar alguna peguita. Gracias, respondió con inocencia.- No sabía que entonces había cruzado una barrera, que la pondría aun más lejos de sí misma. Cuando volvió en la noche, tomando la palabra del tipo que se le había cruzado en su camino, sintió un escalofrío natural para aquellas ocasiones…estaba más perdida, ya no era una calle lo que buscaba, sino una salida, incluso antes de entrar por esa puerta…

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