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miércoles, 8 de agosto de 2007

callelaslilasplazalasdalias

A veces me pregunto qué reflejan dos miradas; ganosa inquietud, complicidad anónima, o qué sé yo. Supongamos que ponemos dos espejos uno frente al otro, ¿cómo sabemos qué imagen tenemos?, o peor, ¿cómo la rescatamos de su paradójico destino de perderse dentro de sí misma?…cualquier inflexión desperfila la imagen por la que cuestionamos. Es como si dos almas gemelas se tuvieran sólo en el atardecer de sus miradas, donde no es posible tocarse, mientras están destinadas a desperfilarse por el trajín de sus cuerpos.

Es que hay un momento, más bien, un modo del que nunca me puedo liberar, donde lo que se pone por delante, por más que lo quiera, se me escapa o creo que nunca será mío. Es la antigua paradoja que nos dice que no sólo deseamos lo que no tenemos, sino que también lo (poco) que poseemos, por miedo a perderlo. Otro aspecto de esto puede darse en una ruta tan disímil de sí misma, como lo es una calle a medio inundar, donde el espanto de los peatones no se corresponde con el seguridad de los automovilistas, aunque su sentido sea el mismo: volver a casa; como aquella avenida por la que recién vuelvo de la plaza aquí solapada, después de un agradable sueño en el barrio que me vio nacer; es desde ahí donde nos volvemos a preguntar por el sentido de nuestras avenidas…cuando en realidad lo que importa está a la vuelta de la esquina, en cualquier instante, por onírico que sea. Así y todo fui con lo puesto, y escribo luego estos pasajes como el relator de la radio de una pequeña localidad rural, que reúne, en torno a libros por leer, las preguntas de un pueblo subvalorado.…la audiencia en este caso es mi cómplice, por que no la hay, o quizá sí; es la pequeña infamia que hacemos los espíritus que gozamos del frío amanecer, del agua a casi helar en nuestras mejillas, mientras los autos bajan en dirección poniente al anochecer….en todo caso me vuelvo a preguntar una y otra vez cuánto durará todo esto: seguir al margen y no responder más preguntas sobre mi futuro, o ponerme en medio de las imágenes sin importar el olor de la derrota digna o del empate con sabor a triunfo….

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