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sábado, 14 de marzo de 2015

El primer año del gobierno de Bachelet

El punto más destacado del primer año del gobierno de Michelle Bachelet ha sido, a mi juicio, el nacimiento de la figura política más importante de la democracia chilena de los últimos años: Rodrigo Peñailillo. Dice el mito urbano que, cuando él era presidente del centro de alumnos de la Universidad del Bio Bio y vocero de la zona sur de la CONFECh, tenía el control total de todo el accionar de los estudiantes en lo que, a política, refiere. Como Gobernador de la Provincia de Arauco se aplicó la Ley Antiterrorista.

Como Ministro del Interior en este periodo se puede conjeturar varios movimientos de una estrategia, cuya autoría ha sido invisible a muchos analistas de la opinión pública; tanto anular a sus enemigos políticos en la vereda conservadora, mientras se aprueba a una velocidad record una serie de reformas de fondo, así como poner en jaque a aquellos miembros de la coalición de gobierno que obstaculicen su gestión.

¿Cómo se hace verosímil la conjetura que ve en Peñailillo al cerebro de este primer año de gobierno? La primera jugada, que es visible desde Presidencia, fue el envío abultado para la discusión de una batería de reformas que corrían en carriles paralelos. La “retroexcavadora”, como la llamó el presidente de su partido (el PPD), atacó en varios frentes la institucionalidad vigente, haciendo imposible que, la minoría parlamentaria de derecha, anulara esta metáfora que, en el fondo, era de su autoría. Impone así el relato de una lealtad irrestricta al programa y al mensaje presidencial;  en este contexto, movió dos fichas leales a este principio: Arenas y Eyzaguirre; este último, otro PPD.

No obstante, la minoría de oposición logra aunar un discurso que apunta a las deficiencias  de estas reformas, encendiendo las alarmas.  Un gobierno ciudadano, mal que mal, se debe a las encuestas. Sin embargo, Peñailillo acoge un diálogo con el centro liberal disidente que, si bien se opone a una Reforma Tributaria, negocia la base política para la aprobación de un pacto de Unión Civil que legitima relaciones civiles, más allá de la esfera familiar tradicional.

Y es en ese momento que Peñailillo saca una carta bajo la manga: el SII. Dado que el Ministerio Público no tiene la potestad de querellarse por delitos de evasión tributaria, es a través de la facultad política que le otorga la ley que, a través del SII dirige sus fuerzas al grupo que financia a la UDI. Su genio es aprovechar la contingencia de delitos funcionarios al interior del SII,  donde en vez esconder y proteger un statu quo burocrático, encuentra el sustrato moral de la Reforma Tributaria: eliminar el FUT. Con ello, legitima un escenario tolerante para aumento de tributos.

No es trivial que no ocurra lo mismo con los financistas históricos de la Nueva Mayoría, grupos económicos, sino iguales, más ricos que Penta. El asunto no se trata de recaudar impuestos sino que dejar fuera de juego a la oposición. No es un tema de equidad, sino de poder. Así, ha logrado que los medios y las redes sociales centren sus ataques contra los más férreos opositores a las reformas y, de paso, opacar sus críticas; le ha dejado en claro a todo establishment político, sin excepción, que cualquiera puede caer mientras él sea Ministro. De paso, humilla al ex ministro estrella del primer gobierno de Bachelet, Andrés Velasco; el cual entonces era el único crítico insider a la NM; así, no solo anula sus crecientes posibilidades presidenciales, sino, peor aún, su discurso que apelaba a una autoridad moral respecto a las malas prácticas gubernamentales.

Es entonces que, aprovechando la subrogancia que le otorga las vacaciones de la Presidenta, filtra el tráfico de influencias que involucra a su hijo; nuevamente la opinión pública está en sus manos; la Presidenta mientras guarda silencio, es objeto de implacables ataques; su hijo renuncia, y ella se ve obligada a acusar ignorancia. ¿Traición? No. Llena un vacío de autoridad. Luksic, el hombre más rico de Chile, y financista del escándalo familiar, queda en la mira y en deuda.

Así, mientras se empodera, su superior se debilita; situación que aprovecha para sacar a la encargada de comunicaciones y mano derecha de la Presidenta. De seguro, ahora ocupará su lugar alguien idóneo para salir del anonimato en el que permaneció en este primer año y entrar de lleno a la carrera presidencial. Así, podrá capitalizar todo lo que al parecer le estará vedado a Bachelet. Signo de esto, es que al día siguiente de la salida de la aludida directora de la SECOM, Paula Walker, su partido, el PPD, le ofrece un almuerzo de camaradería: Tohá, Eyzaguirre, Girardi, Tarud, Harboe, entre otros, lo felicitan. “Un ministro del Interior no necesita apoyo particular. Nosotros lo hemos apoyado siempre. Él es un gran ministro del Interior que ha enfrentado momentos muy difíciles, muy duros, y lo ha hecho con sabiduría en las cosas que él ha podido resolver: hay otras que no son de su ámbito y no ha tenido la posibilidad", acotó Girardi. Esta cuña que ocupa sólo un espacio secundario en un medio digital, contrasta con las imágenes ampliamente difundidas que muestran a empresarios encarcelados, al presidente de la UDI renunciando y a un incómodo ex presidente Piñera obligado a reconocer una vieja amistad con el principal acusado, el cual es formalizado por delitos tributarios y por el delito de soborno. Soquimich es la carta que obliga a su único rival, Girardi, a retroceder y elogiarlo.

A mi juicio, el único flanco pendiente para que él sea el próximo presidente de Chile, es una negociación con el hombre más rico de Chile. Su fortaleza: el espíritu penquista que recuerda un origen mesocrático sin tejado de vidrio. De este enfrentamiento dependerá que Peñailillo no sea sólo uno más entre sus antecesores, sino el primer presidente de Chile que logre gravitar la actual dependencia del Estado de Chile de  grupos económicos transnacionales, hacia la independencia de aquel, en un sentido políticamente liberal.



viernes, 14 de noviembre de 2014

Lucro mío.

¿Qué es el lucro? Un incentivo. El vilipendiado lucro no es más que el objeto natural de todo impulso de autoconservación. Es lo que le da sentido a la pregunta si acaso estoy obligado a hacer, actuar o comportarme de una determinada manera. De una manera que, por lo general, no nace ni de mi voluntad y ni del ánimo por hacer nada libremente. Sino que cae de afuera, indiferente y vértigo, y, no obstante, sigo dominante de mi serenidad; es el lucro el que cierra ventanas a punta de cordillera.

Entonces, ¿qué es el lucro? La forma aparentemente más perversa y, con seguridad, barata y eficiente que coordinarnos. Y, al lucro, no hay burócrata, Estado ni buenas intenciones metafísicas que le hagan el peso. Porque, además de útil, conveniente y familiar, no olvides Lucro que fundas tres cantos que le pertenecen a tu propia negación; con ironía y verdad. Éstos son belleza nova, tolerancia frente al extraño y, Tú, al unísono, permanecer anónimo frente a tu propia verdad.

Concluyo; cuando educas debes lucrar, sino dedicate a estudiar en privado. En efecto, ha sido un versículo perdido en la memoria de un escéptico lo que lo confirma. El alumno debe saber que te puedes ir por la misma puerta por la que entraste y que su pago no ofrece nada, excepto vagas formas; y, otras veces, silencio cómplice. El único que podría caer en una enseñanza es el aprendiz; el que aún no sobrevive. Lucrar, por ende, no es más que tomar como propio el valor subjetivo ajeno de pensar un imposible, expectativa o promesa hecha tormenta, vacío espejo y átomos ebrios.


Al amanecer y caída de un ángel

viernes, 11 de julio de 2014

Noemí

Me gustan las mujeres
Que muestren su pasado con sus manos
Te llamaré Noemí,
Porque aún no te conozco,
Y ya me deleitas.

Soy acuarela y tinta.
Escrito en pieles de animales extintos
Y te busco por tu nombre.

De dónde vienes Noemí,
Que así no te llaman tus hombres.
¿Quieres saber cómo soñé contigo anoche?
De satín y azul bordado.

No correré esta vez con mil palabras.
Esperaré sentado,
lustrando botas
hasta renombrarte,
en la tela que honren tus ojos.

Noemí, ¿aún me recuerdas?
Yo no puedo olvidarte:
Como el camino de vuelta,
La calle sin salida.
Piano y trampolín.

Noemí, silencio por un momento,
No olvides que soy acuarela,
Inmortalizado por demonios ocultos,
Siempre en pecado,
Para no olvidar que estamos vivos.

martes, 16 de agosto de 2011

Simplemente nada

En el primer día nada humano fue impersonal. No había deber moral, en lo más mínimo. La obligación nació con el tiempo, por miles de años, uno tras otro, a fuerza de homicidios, venganzas y ultraje, hasta que llegó a ser tan interna como el sistema sanguíneo. Además, no fue lineal. Lo humano se expresó de diversas formas, en diversos mundos, hasta llegar a la poesía, en una servilleta manchada de vino. Lo humano –y yo soy uno de ellos, creo- me es extraño. Y es extraño que me lo sea, sin ser un extranjero en mi mundo interno, a veces tan deshabitado como recitar décimas. De hecho, hoy miraba después de la lluvia, el paisaje que se forma desde la precordillera, bajando sutil como el cuello femenino, en un centro que a lo lejos es débil y silencioso. Y esa hermosura era humana, pero extraña. Había una ciudad en el fondo, y humano era el que miraba. Y sólo eso.

Por lo mismo, por espacios en el día todo me parece todo un sinsentido achurado. La vida propia, las luchas, las ganas de hacer, en un ateo por default como yo –sin el miedo a la muerte- sería un proyectil en la sien, mirando de reojo las faldas de una mujer. Saber que nuestros ojos emanan luz, en la forma de una conciencia, a veces sensata, me produce vértigo; no puedo entender a dónde van los ojos con todo esto. Por un rato, mi única droga es sonreírle a cualquiera y ver la alegría que produces.

En el fondo, cada vez menos palabras; desánimo infinito. A veces, esperanza; que me caiga un rayo y me haga olvidar todo. Sentir el duelo ajeno como propio. Querer ciudades más enteras, sin aire acondicionado. Quizá no quiera ciudades.

miércoles, 4 de mayo de 2011

JUSTICIA Y FANATISMO RELIGIOSO

En una conocida conversación entre Sócrates y Trasímaco sale al tapete por vez primera una discusión que hoy me inquieta nuevamente después de la sentencia de Obama, “se ha hecho justicia”.
En esta conversación que encontramos en el texto fundacional de la política occidental La República se discute qué es la justicia, y en dicha conversación se establece al menos dos cosas: una, que la justicia no es infringirle daño al enemigo y beneficiar al amigo, y, segundo, que simplemente no es una forma de infringir daño. Esto resulta mayormente problemático cuando se ve la justicia desde su accionar como el poder penal del juez: el castigo. Si no es una forma de infringir daño, ¿cómo es posible el castigo?, es decir, ¿cuáles son las condiciones morales y políticas para que el castigo no constituya una forma de daño y, por lo mismo, una forma de injusticia?
A esta discusión cabe además añadir al menos dos puntos que encontramos también en las conversaciones platónicas, insisto, fuente originaria de nuestra occidentalidad jurídica y moral precristiana. Y es que la justicia no es una forma de convención o acuerdo y, sumado a ello, que en algún nivel de análisis el castigo que involucra la justicia, por analogía a la filosofía misma, es una forma de educación, involucrando por tanto, persuasión y asentimiento por parte de quién es juzgado. Es decir, si bien la fuente misma de la justicia no es un elemento contractual, y por tanto el juez no actúa por acuerdo, sino por conformidad a las leyes, al castigar a un presunto delincuente debemos estar en condiciones de volver conciente a quién es juzgado de lo que ha hecho. No basta, por lo tanto, con castigar a alguien causándole algún tipo de “daño” justo, sino que además éste debe ir acompañado de una cierta comprensión y toma de conciencia por parte de quién es juzgado. Y quién juzga lo hace conforma a la ley y no a un acuerdo o una asamblea, ¿estamos claros?
Pero, ¿a qué va todo esto? Luego de la presunta muerte de Osama Bin Laden se ha puesto en el primer lugar del debate la veracidad del hecho. Esto parece de perogrullo y de la mayor relevancia, mas, en sí mismo, frente a la cuestión filosófica de fondo y, esto es, moral y política no lo es. Supongamos que Osama no ha muerto, y que todo es una conspiración del sionismo americano. No obstante ello, considerado el hecho como falso, nuestros gobernantes occidentales y especialistas de distintas latitudes, en un estado de creencia ignorante, se han pronunciando como un hecho -política y moralmente- valioso: “se ha hecho justicia”. No hay lugar en el mundo que un tipo como éste quede impune. Mas en esto existe el mayor problema.
Si estando en un estado de creencia ignorante, se creyese que es justo acribillar a Osama, indefenso, rodeado de niños y mujeres, enfrentado a la elite militar del mundo occidental (30 a 1), para posteriormente ser lanzado al mar, lo que valoramos como justo es simplemente una forma de daño, que en la perspectiva del padre intelectual de Occidente es una forma de castigo injusto. No hubo juicio, procedimiento, nada. A este punto sale el debate la legalidad del procedimiento militar, en principio avalado por la ONU en una resolución que “autoriza la acción contra el terrorismo” y, por otra, por un acuerdo entre Pakistán y EEUU, donde éste último, previo protocolo de rigor, está facultado para entrar en tierra pakistaní y hacer suya una acción bélica de este tipo. En términos técnicos, la justicia del hecho estaría avalada por una acuerdo o convención, la cual, al parecer del divino Platón, no es ni será la fuente última en la que se funda una acción que se define como justa, ni constituye propiamente el proceder de un verdadero juez.
Pero, con todo, se me viene un aspecto aún más inquietante respecto a la forma en que se ha avalado una acción más allá de si es verdadera o no, y es el hecho que frente a una clara forma de homicidio calificado, al parecer autorizado por el mismo presidente de los EEUU (el que según nuestra concepción moderna no es un juez), todos los restantes gobernantes al unísono concuerdan con la forma de “hacer justicia”. Entonces, ¿porqué esos mismo presidentes, en gran parte, consideran que la pena de muerte no es una forma legítima de sanción penal? O visto simplemente así, ¿acaso la fuente jurídica de occidente tiene como motivación la vieja y bárbara práctica de la ley del talión?
De ser verdad que Osama Bin Laden fue ajusticiado, conforme a la práctica señalada por el mismo poder militar americano, estamos frente a una traición de nuestro origen occidental. A esto se suma que ya desde la antigua Grecia y en casi todas las culturas no existe peor crimen a la Ley Divina que no dar sepultura digna a un muerto, fuente de generaciones de hijos de detenidos desparecidos que justifican que no olvidarán, que no perdonarán al justiciero.
Esto sugiere un último punto. Osama Bin Laden, según testimonian los registros audiovisuales que justifican su propio accionar, entiende a Occidente y, principalmente, a los EEUU, como los representantes del mal en la tierra, del demonio encarnado. En este contexto su accionar movido por el fanatismo religioso no es sino una forma de sagrada defensa, de guerra santa. Su justificación última además viene acompañada del hecho -por todos reconocido- de los abusos de Occidente en tierras árabes, con la venia de los príncipes saudíes, donde miles de personas han muerto y sido torturadas en nombre de la “defensa de occidente”, de la “guerra contra el terrorismo”.
Sin embargo, al ver a las masas americanas celebrar -a mi parecer- la sanción injusta de un hombre (aún si el hecho no es verídico), con una algarabía propia de un evento deportivo, hay algo que me inquieta y me hace dudar. Una vez más se ha traicionado el origen de Occidente, que en las enseñanzas platónicas de la Grecia clásica buscaron imponer un criterio racional que justificara el castigo y los procedimientos de ajusticiamiento. Primero fue Sócrates quién vivió en carne propia el ser juzgado por una Asamblea movida más por le estómago que por la cabeza. Pero más aun, llama la atención que nuestra occidentalidad, también mediada por la palabra de Cristo, Ama a tu Enemigo, quede opacada por la brutalidad militar de un hombre que se hace llamar demócrata.
Osama Bin Laden murió como santo mártir para los suyos, más allá de las barbaries que estaba dispuesto a realizar en nombre de Alá. Visto platónicamente, tampoco se cumplió con las condiciones de un trato justo que involucra un diálogo persuasivo y la conciencia del castigo. Esto en la actualidad se llama debido proceso, y exige pruebas y juicio. Los sectores radicales del Islam recuerdan el origen del cristianismo con sus acciones que sólo tienen sentido en la fe y el martirio y, por cierto, no en la razón. Pero ésta última subió la vara, para de una buena vez ponerse a pensar. No obstante, la razón se viste de barbarie y, pero aun, cree que a los ojos de la fe ha ganado una guerra.

viernes, 8 de abril de 2011

NOSTALGIA

Quisiera escribir un poema que se llamara Nostalgia. Porque veo una pareja, con su hija y su pololo. En un restaurante en Valdivia, donde se detuvo el tiempo y suena de fondo una balada romántica. Hay luz interior, como en cualquier noche de otoño, mas no hace frío a pesar de estar tan al sur.

Quisiera escribir un poema que se llame Nostalgia, escrito en las sonrisas del amor adolescente, en las miradas cómplices de unos padres alegres que descansan con la alegría de sus hijos.

Parece que hay hombres destinados a ver estas imágenes sólo desde la mesa del frente y a sus espaldas, y compartir con ellos sin ser visto.

No puedo dejar de recordar a mi padre, con quién nunca compartí la mesa con mi madre. No puedo dejar de acordarme de esas noches, cuando llegas y tienes que dormir. Cuando es noche oscura y el silencio es opacado por la seguridad de sus ronquidos.

Quiero escribir un poema que llame a la Nostalgia que traiga a mi padre de vuelta por un segundo y me permita darle el último abrazo, que no me haga sentir vacío. Como si la poesía -y en eso sí creo con la fe del carbonero- trajera a los muertos, vivos, y encerrara a los vivos en las celdas de lo divino.

Tomaría un segundo la rima, por un segundo con ritmo cardíaco; reiría en torno de un televisor con fútbol, leería los diarios el domingo y almorzaría bajo el parrón, con sed y vino.

Mas, Nostalgia sólo llega y va al encuentro de lo no vivido; Nostalgia es sólo el sol de primavera, la luz de los niños. No es un poema, ni yo un poeta.

viernes, 17 de diciembre de 2010

Voz en off "El profesor"

Vivo en Chile, ¿un país tan al sur del mundo, como entendamos a éste inmerso en el Universo? Chile es un país especial, y no lo digo porque haya nacido en él, sino porque si uno da una vuelta en el vecindario, nota diferencias radicales de cómo es el diario vivir, el trabajo, y cómo nuestra relación con el espacio público están determinados por el afán de éxito material individual. A esto se suma, la presencia de una fuerza conservadora y elitista que gobierna de manera subrepticia los quehaceres más básicos, lo que redunda en que nuestra educación no sólo está orientada a fortalecer las diferencias, sino que además inculca miedo y un sentido de dependencia que aún se refleja en expresiones tan asentadas como decirle al jefe, “Don…..”.
Por años me motivó la educación como un asunto que debía llevar conmigo como quién siente desde adentro una idea de que las cosas pueden cambiar. Por lo mismo, desde temprano me propuse ser un profesor.
En Chile la discusión se concentra en contar un historia pasada de una educación pública, donde el magisterio gozaba de buena salud, junto a sus gloriosas instituciones, lo que contrasta a un presente hostil donde el mercado juega un papel central en las prorratas de méritos y cargos.
Pero vamos por parte. La otrora educación pública estaba diseñada para una clase media burguesa que -en fin- constituía una elite de segundo grado, muy mimetizada con los afanes conservadores de la aristocracia, ya decadente, cada vez menos agraria, cada vez más urbana; en este escenario, más de la mitad de la población estaba excluida, una mitad que estaba en lo que hoy los economistas llaman situarse bajo el umbral de pobreza y, esto es, en la marginalidad.
Este modelo sufre cambios en la Unidad Popular de Salvador Allende donde se introducen, para bien o mal, cambios sustantivos e ideas innovadoras que buscan aumentar la cobertura, igualar las condiciones de partida de los ciudadanos tradicionalmente excluidos, fomentando la educación técnica, el trabajo en grupo y la horizontalidad de los estamentos involucrados. El error, un lenguaje subversivo y resentido.
Desde un punto de vista político –esto es, del interés del colectivo- esta reforma pone en evidencia el carácter que presentaba entonces la educación pública, y más aún, la importancia que tiene la educación privada en el desarrollo pseudo cívico de las elites.
Al intentar equiparar a ambas, intervenir los curriculums y -cómo es usual en la doctrina marxista- crear un nuevo hombre, las clases dominantes rechazan los cambios y restablecen el orden por medio de una dictadura militar.
En ella, se retoma la senda de la exclusión, pero por medio de reformas sustanciales a la institucionalidad y con un formato tan revolucionario como el anterior.
Por una parte, la doctrina neoliberal descentraliza el poder de gestión de los colegios públicos, municipalizándolos, debilita de paso la educación técnica y entrega su gestión a sostenedores que buscan lucro. Además, se crean las universidades privadas, las cuales compiten en un mercado de matriculas con las públicas, se disgrega la Universidad de Chile (universidad pública por excelencia), rearticulada en pobres y desfinanciadas universidades regionales. Entonces se exoneran o torturan a los profesores que no comulgan con el régimen, y se aumenta la cobertura educacional con el sólo énfasis en una meta: los estudios universitarios. Con todo, entran las trasnacionales en la educación, lo integran con el negocio bancario, alimentando -ahora en democracia- de hormigón armado y publicidad los deseos profesionales de un alumnado ferviente de éxito económico.
No obstante, este último rasgo no real significado histórico, si no tuviera un asidero psicológico en la actitud arribista de los chilenos; en ese carácter aspiracional que nos distingue de un vendedor de artesanía ecuatoriano que emigra a Europa. El chileno prefiere robar o enriquecerse rápidamente. La universidad representa mutatis mutandis el fast track social a otro rango.
Es esto lo que en el tiempo ha permitido que el sistema perdure y fortalezca, volviéndose preclaro el fondo de nuestra actual -y nominal- educación pública: es un contenedor social, una suerte de patio trasero donde la exclusión lleva uniforme y las oportunidades son tan falsas como inoportunas. De público tiene tanto como una plaza sin juegos.
Hoy sigue en el tapete la educación, y se busca fortalecer la educación en vistas a las competencias laborales, al mundo laboral, frente a las elites que más preocupadas de trabajar pueden aspirar a pensar, a darle una vuelta a las cosas: beber del sudor de sus abuelos, aprender a dominar y amar.
Todo esto, que suele sonar a un discurso más sociológico que nada, tiene un extraño arraigo en el día a día. Cada vez que me vuelvo sobre un ciudadano, sobre un hombre o una mujer de carne y hueso, huelo, y huelo en mi, el silencioso andar de una cultura radicalmente competitiva donde el mayor perjudicado es justamente la educación……